Estúpido amor:
Cada momento me siento más pesado, más lento… es tiempo de celebrar, el mundo se mueve a gran velocidad y mientras, yo estoy tan atolondrado mirando la lluvia caer por la ventana, y los días pasan como imágenes, que vibran, y en un parpadeo se esfuman, sin embargo, no me importa, el desconcierto de mi mente roída a veces disipa el dolor del estomago, y de vez en cuando mantener los sentidos muertos es un alivio brutal para mis resplandecientes ojos.
Se desvanece la única esperanza, la única lucecita de mi gran hondonada se escapa, como una luciérnaga con las horas contadas, insisto, quiero sentirme libre, no atado al suelo, quiero volar, quiero besar la lluvia, por favor ayúdame a entender por qué te lloro, si estoy seguro de que tú, no piensas ni una decima de segundo en mi.
Estoy aquí, en el suelo, en mi nombrado hermético lugar, cristales de hielo, ahora es cuando soy consciente de que jamás existió un nosotros, una estúpida risita ahogada rompió el silencio de mi empañado corazón, y el tic tac de mi reloj interno quema más y más…
Aun espero, aun creo ¿más lagrimas? Estoy seguro de no haber bebido tanto agua como la que expulsan mis ojos.
Estoy furioso, ciego…
Ahora camino despacio, me sobra el tiempo para suspirar varias veces por minuto, las cajas vacías llevan tu nombre, me gustaría creer en los milagros, me encantaría sentir tus labios sobre los míos, ¡¡ Dios eso es lo que más quiero!! Ver tus ojos azules a cinco centímetros de los míos...
No lo entiendo, que considerados son los recuerdos... Nuestros recuerdos... Recuerdos perdidos o quizás ¿recuerdos inventados? Quiero saber cuando perderé la cordura, mi falsa sonrisa no puede durar mucho. Tengo mis días, pero todos acaban igual, en lágrimas, en sollozos.
De tu desdeñoso y tardo muñeco de acción, te espero.
domingo, 3 de enero de 2010
1º Carta a mi estupido amor.
Estúpido amor
He deletreado tu nombre no sé cuantas veces, me he arrodillado ante tu ropa tirada en el suelo de mi cuarto y he vuelto a recordar tu aroma, me paso tres horas diarias sentado en mi escritorio viendo una y otra vez nuestras fotos, te lloro cada noche, sin ninguna excepción, acojo el dolor en vientre como algo monótono en mi vida, salgo a buscarte cada día, y me recorro las calles de este pueblo, una a una, y te veo a ti…
Ni siquiera estas demasiado lejos, en realidad estas muy cerca, podría llegar en cuestión de minutos delante de ti, pero no sabría que decirte, no tengo escusa para poder tocar tu pelo, ni besar tus mejillas…
Y el miedo, el miedo me apesadumbra, que dicha tan grande verte devolviéndome la mirada de vez en cuando, me llena de satisfacción cuando tratas de rozarme, cuando me abrazas mi corazón se desboca, un frenético pulso me impulsa a quererte tanto como te quiero…
Y si, sin ninguna duda alguna te digo que te odio, pero solo por desearte tanto.
Y no importa quién soy, ni quién era, pues este loco amar me ha transformado en otra persona, me he perdido a mi mismo en una hondonada profunda y brumosa, donde lo único que se percibe con claridad es el azul de tus ojos. ¿Camino por la senda equivocada? A veces, me veo las manos manchadas, mi hálito entrecortado y mis piernas cansadas… Y a pesar de ver regular, solo te veo a ti y parte de mí.
¿Una posibilidad? Estoy demasiado abajo, atormentado, se puede decir que he perdido el equilibrio, no hace demasiado frio, ni inmoderado calor, esto esta tan hermético… Tampoco soy tu objeto sexual, ni tu juguete de plástico, ni llego al punto de estar catatónico, a veces pienso que sí.
Las canciones que antes escuchaba, ahora me hacen daño… Un pájaro no volador, caminaba por las calles iluminadas, aquellas calles que ahora pertenecen al boulevard de mis sueños contigo, sueños frágiles y ahora… Sueños rotos.
De tu desdeñoso y tardo muñeco de acción, aún te anhelo.
He deletreado tu nombre no sé cuantas veces, me he arrodillado ante tu ropa tirada en el suelo de mi cuarto y he vuelto a recordar tu aroma, me paso tres horas diarias sentado en mi escritorio viendo una y otra vez nuestras fotos, te lloro cada noche, sin ninguna excepción, acojo el dolor en vientre como algo monótono en mi vida, salgo a buscarte cada día, y me recorro las calles de este pueblo, una a una, y te veo a ti…
Ni siquiera estas demasiado lejos, en realidad estas muy cerca, podría llegar en cuestión de minutos delante de ti, pero no sabría que decirte, no tengo escusa para poder tocar tu pelo, ni besar tus mejillas…
Y el miedo, el miedo me apesadumbra, que dicha tan grande verte devolviéndome la mirada de vez en cuando, me llena de satisfacción cuando tratas de rozarme, cuando me abrazas mi corazón se desboca, un frenético pulso me impulsa a quererte tanto como te quiero…
Y si, sin ninguna duda alguna te digo que te odio, pero solo por desearte tanto.
Y no importa quién soy, ni quién era, pues este loco amar me ha transformado en otra persona, me he perdido a mi mismo en una hondonada profunda y brumosa, donde lo único que se percibe con claridad es el azul de tus ojos. ¿Camino por la senda equivocada? A veces, me veo las manos manchadas, mi hálito entrecortado y mis piernas cansadas… Y a pesar de ver regular, solo te veo a ti y parte de mí.
¿Una posibilidad? Estoy demasiado abajo, atormentado, se puede decir que he perdido el equilibrio, no hace demasiado frio, ni inmoderado calor, esto esta tan hermético… Tampoco soy tu objeto sexual, ni tu juguete de plástico, ni llego al punto de estar catatónico, a veces pienso que sí.
Las canciones que antes escuchaba, ahora me hacen daño… Un pájaro no volador, caminaba por las calles iluminadas, aquellas calles que ahora pertenecen al boulevard de mis sueños contigo, sueños frágiles y ahora… Sueños rotos.
De tu desdeñoso y tardo muñeco de acción, aún te anhelo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)