Distorsiono las imágenes, los sentimientos y las personas cambian en mi cerebro, como un estúpido pasillo lleno de esos espejos circenses, en mi cabeza nada ni nadie es como es en realidad.
No digo que sea del todo malo, a veces, es incluso útil... Lo malo viene cuando mi sistema de autodefensa empieza a fallar, y se destrozan los espejos dentro de la esponja que llevo como cerebro, cuando los látigos llegan de lleno a mi subconsciente, y las formas horribles siguen siendo horribles, me llevo las manos a la cabeza mi semblante palidece como si el pincel de Edvard Munch hubiese pasado por mi cara y lo único que deseo es que todos los tonos se queden grisáceos y que las noches eternas de verdad sean para siempre.