Los años me han vuelto más visceral, pero algo si que es cierto, que mis ojos ya no lloran como antes, a veces cuando caigo, cuando sufro, incluso más que nunca, mis párpados siguen secos, se han adaptado.
Sé que no soy el mejor, ni mucho menos, ni en nada, pero no sé que tantas cosas hago mal, por qué todo siempre sale torcido.
Ahora cuando el dolor empiece, espero llorar, porque cuando las lagrimas no salen, las penas se quedan, dentro, retorciéndose y privándome de alimentarme, sin lagrimas, sin saliva, nada sale, nada entra, solo el humo, que mueran neuronas, que se me olvide pensar, que se acabe, que se acabe, solo quiero eso, que se acabe mi miedo, mi pena, esta pena.
Yo he dado, aunque no lo mejor, he dado lo que sé dar, repito, no lo mejor, ojala hubiera sabido dar lo mejor.
No quiero comer, solo quiero soñar, despertarme una mañana y que todo haya sido un sueño, que se me agoten las fuerzas y desvanecerme, como un trueno que retumba entre las nubes, buscando desesperado un lugar en el que desaparecer, que aunque fuera breve, quizás ya fue suficiente.