Por lo general suelo ser una persona agradable y feliz que subsiste con su día a día, de una manera adecuada, pero hay días en los que esa persona se despierta encerrada en otra amargada e incapaz de afrontar todas sus obligaciones, mi irresponsabilidad, se desarrolla en esa parte de mí, esa parte que sucumbe al no hacer nada, para nada, esa parte que se sostiene en la ley del mínimo esfuerzo, en la infelicidad y en la nostalgia.
Cuando esa persona lleva el volante de mi cuerpo y de mis pensamientos, yo, no soy más que una sombra en un mundo sombrío, en el que la luz más cegadora también sería engullida por la oscuridad.
Me siento negro por dentro, desganado, imbécil, y, solo, completamente solo.