martes, 18 de septiembre de 2012

No sé si lo lo perdiste todo, pero no encuentro el brillo de tus ojos. Estas tan vació como yo.
No sé si somos escoria, pero esa vieja de la esquina me mira como mierda; con ese ojo suyo de cristal y con su boca torcida.
Nada más verme la primera vez supiste que te amaba, nada más verte la primera vez supe que no eras para mí, pero nos lo callamos. Hay cosas que saltan a la vista, mientras garateaba en mi libreta te miraba de reojo, con el lagrimal empapado, de eso hacen casi ya cuatro años y todo en mi interior sigue igual, eso también salta a la vista.
Has sido como un puñal que acerqué por propia voluntad a mi garganta y sigues ahí, amenazando con cortar.
¿Qué me pasa?

Dedos locos.

En el cenicero un cigarro encendido espera,
A que confundido yo termine
Desesperado se consume
Mientras susurro palabras con los dedos.
De mí, a la máquina
De mi máquina a la tuya.
Secretos inconfesables
Palabras jamás pronunciadas
Vueltas y caminos, andados en vano
Sobre tú, tú, tú y un poco yo
De mí, a la máquina.
Una calada, de mí, a mis pulmones.
Abre los ojos despacio, es hora de contar
No hasta diez, ya no existen números
No sabemos nada, así que habla
De ti, a tu máquina
De tú máquina, a la mía.
Historias de sexo pasional,
De ti a otros.
Dolor
De mí a mí.
Disimulos indecentes
De mí a ti.
Conversaciones de dedos
Dedos locos
O enamorados
Lo mismo da.
“Te quiero” Digo
De mí a…
… a nadie.