He soñado con una marioneta, que apoyada en la pared poseía más vida que nadie que yo conociera. En su mirada fuego, en su sombrero rojo ilusión y en cada una de sus astillas ganas de deslizarse hasta la puerta, pero en los hilos que lo mantenían estaba la realidad. No obstante... ¿Quién puede parar las divagaciones de una cabeza de madera creada por las inestabilidades emocionales de la mía?