Me retuerzo sobre la cama, como si mi cuerpo fuera una fregona, pero lo que destilo no es agua sucia, es un estúpido y ansioso dolor, que a pesar de no ser físico, consigue que me levante, corra hacia al baño y me enjuague las lagrimas, que caprichosas, le reclaman a mi cuerpo estar cerca de ti, mis células me castigan, por no darles lo que quieren, a ti.
Tan necesario en mi vida, tan imposible, tan contradictorio… Por mucho que pasan los meses, la sensación sigue siendo la misma y ahora que sé que se acerca el final de algo, no sé ni hacia donde andar, ni hacia que mirar. No tengo manos para sostenerme, la caída será inmediata.