miércoles, 20 de agosto de 2014

Espejos circenses


Distorsiono las imágenes, los sentimientos y las personas cambian en mi cerebro, como un estúpido pasillo lleno de esos espejos circenses, en mi cabeza nada ni nadie es como es en realidad.
No digo que sea del todo malo, a veces, es incluso útil... Lo malo viene cuando mi sistema de autodefensa empieza a fallar, y se destrozan los espejos dentro de la esponja que llevo como cerebro, cuando los látigos llegan de lleno a mi subconsciente, y las formas horribles siguen siendo horribles, me llevo las manos a la cabeza mi semblante palidece como si el pincel de Edvard Munch hubiese pasado por mi cara y lo único que deseo es que todos los tonos se queden grisáceos y que las noches eternas de verdad sean para siempre. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Tienes las manos tan cambiadas.
A veces caigo y me aferro al pasado, ruidos de fondo en mi habitación, la casa retumba.  
Quisiera encontrar esa madriguera húmeda y profunda para aprender de verdad lo que es caer, tan abajo como pueda, dejar que todas mis heridas sanaran en la profundidad y que las cosas aquí arriba se arreglaran solas, sin mí, sin mis frágiles manos de cristal.
Tonos azules repartidos al rededor de tu corazón de plasma, que late, a veces fuerte como una roca y otras veces débil como un cascarón de huevo. 
Almas entrelazadas con hilo de pescar. 
Nos falta oxigeno en este siniestro mar.
A veces un acontecimiento lo cambia todo, y según el dramatismo de éste y el caos que siembre, todo lo que lo rodea entra en un periodo de desorientación. Al finalizar este ciclo decadente todo se decora con falsas sonrisas y celofán amarillo, solo las verdaderas víctimas recuerdan con claridad y como si fueran en sus propias pieles sus hijos conocerán el peso del metal de las varas de hierro y el plomo de sus disparos. Y el tiempo se convierte en una ruleta rusa sorteando cataclismos a diestro y siniestro.