Cuando me enfadé, me definiste en esas dos palabras: En exceso
Quieres en exceso
Amas en exceso
Comes en exceso
Te enfadas en exceso
Lloras en exceso
Hablas en exceso
Temes en exceso
Y me dejaste boquiabierto, me quede absorto, ¿Cómo discutírtelo? ¡ES VERDAD!
Y no lo puedo evitar, soy así, y lo único que no hago en exceso es creer en mí; pero como hacerlo, lo que soy, lo que hago, lo que como, lo que hablo, lo que lloro o incluso lo que amo… es detestable. Porque detestable soy yo.
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