domingo, 15 de agosto de 2010
Rebelde sin causa
No hay cambios que merezcan la pena cuando tienes los pies mojados, es mejor ir descalzo, y por mucho que tu garganta te impida gritar, hay ánimos para hacerlo y mucho más. Estoy horrible, agotado y a veces feliz; esto no es lo mejor que hay, pero de vez en cuando solo me apetece sonreír. Es el día, lluvioso, caluroso casi tan bipolar como yo, el que me invita a perseguir mis sueños, el que me dice "Chico, adelante"; y me pica un ojo. Así que me coloqué mis zapatos desgastados, con ganas de desgastar el asfalto bajo mis pies. Para mi sorpresa; después de pasar del picón al alquitrán te vi a ti, en la esquina del estanque reseco con la sonrisa que te identifica, alzaste la mano y dí un paso atrás, para coger carrerilla y lanzarme a tus pies. Acto seguido desperté, con la garganta casi tan seca como el estanque y las manos aferradas a la almohada.
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