Se podía pensar que el día de hoy iba a ser un día triste y frío, y la verdad que en cierta parte lo era, salí de la seguridad confortable de mi casa para arrastrar mis pies entre la lluvia, pasos rápidos e impacientes avanzaron entre la niebla, para aproximarme ante mi compañera de caminos, una amiga capaz de comprender lo que se siente al vagabundear, al haberse perdido. Su semblante serio cambió de color al verme, al igual que el mío al verla, un largo y prospero abrazo nos dimos inmersos en la lluvia, nuestros pies mantuvieron contacto, avisándose entre sí de que había un largo camino que recorrer en ese día lluvioso. Las horas pasaron como quien se come una caja de galletas de su marca favorita, fueron fugaces, húmedas, frías, oscuras, pero no nos importó, nuestros pies se movían por todos lados, y nuestros rostros alumbraban nuestro camino, resplandecientes por la felicidad, de vez en cuando hablando de remotos y melancólicos temas, historias de nuestras vidas, acabadas, no terminadas, la melancolía conseguía hacer salir una lagrimilla y caer, pero rápidamente nos las limpiábamos mutuamente y nos hacíamos reír de cualquier manera.
El día llegaba a su fin, la luz del sol desapareció completamente y la lluvia continuaba cayendo, fue entonces cuando más que nunca sentí el apoyo de mi compañera, a lo lejos de nosotros se veía caminar un contorno oscuro que yo sabía reconocer a dos kilómetros de distancia, mi corazón desorbitado iba a conseguir derrumbarme, pero cuando estuve a punto de caer ella me sostuvo, ambos nos abrazamos, de una manera violenta y cariñosa, queríamos aplacar todo el dolor en nuestras vidas, aplastándolo entre los dos, haciéndolo desaparecer, y por un rato lo conseguimos. Mientras estamos juntos, no existe otro sonido que el de nuestras palabras, risas, bufidos, que el de nuestros pasos acelerados sobre el asfalto. Cuando el trayecto finalizó, nuestros pies se dijeron adiós, despreocupadamente, ya que sabían que dentro de no mucho tiempo… volverían a verse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario