Todo lo que importa al final del camino, bajo la luz de la luna, son tus huesos, tu carne y tu pellejo. Piensas en el largo recorrido quebrantando tu calma con pulcros sollozos, que en el silencio retumban, y aceleran tu ritmo cardiaco dificultando tu respiración. Te sientes como una gaviota extraviada en el océano, sin bandada con la que tomar el vuelo.
Pensabas que el tiempo pasaba en vano y ahora te ves sujetando con cinta adhesiva lo que queda de ti, haces un postremo esfuerzo en mirar atrás y tus labios esbozan una leve sonrisa, quebrando la ajada piel que los cubre y creando un rastro de sangre que termina en el agujero del mentón. Abres el bolsillo que llevas en el pecho y de tu corazón sonsacas una tonelada de piedras afiladas. Inmediatamente te tiras al suelo para atarte los cordones, para ti el camino nunca termina, bajo la luz de la luna, imaginas un nuevo recorrido que seguir.
En pie te sostienes breves momentos después con ganas de seguir viajando. Te dices a ti mismo “todo andará bien” nuevamente embaucado, bajo la luz de la luna, prendes el paso hacia sabe dios donde.
Bajo la luz de la luna, te vi perderte entre la espesa niebla de la incomprensión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario