Es la euforia de ser un pájaro perdido, la embriaguez de sentirse amado por las sabanas de tu cama. Vuelas y duermes, vuelas y duermes y nada más. Te regocijas en tu infelicidad como un puerco en el barro, te sientes feliz sintiéndote abatido por una causa perdida.
Porque te acercaste al mar para arrojar una botella con el nombre de la desdicha, y te arrepentiste.
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